Agustina

 

Heredé de mi madre la pasión por la alta costura. Fue en mi casa materna donde adquirí, desde chica, las bases más importantes del oficio. La caída de las sedas y los ruedos no tardaron en convertirse en la pasión que me acompañó durante mi carrera.

 

Cuando tuve que hacer mi propio vestido de novia viajé a Londres y me enamoré de un vestido muy simple, negro, al bies, estaba diseñado exactamente para mí. Lo encargué en blanco y hasta el día de hoy sigue siendo mi vestido preferido. Ahí fue cuando entendí la importancia de diseñar piezas únicas que reflejen la autentica personalidad y verdadero estilo de cada novia.

 

Prefiero escapar de los estereotipos y trato de no hacer caso a las tendencias. Mi principal objetivo es crear un vestido que hable de la novia. Por eso es muy importante para mi trabajar mano a mano con cada una de ellas, interpretando lo que verdaderamente quieren. Así se logran piezas que perduran en el tiempo.

 

El cuerpo de la novia es el canvas sobre el que trabajo. Solo sobre el cuerpo de cada mujer se nota con exactitud cual es la caída que mejor favorece su silueta. Lo mismo ocurre con los escotes, el cuerpo es quien los dicta. Mi trabajo es muy artesanal, voy incorporando los detalles de a poco, como una obra de arte.

 

Tengo la suerte de poder trabajar con mi hermana, Damasia, ingeniera industrial. Juntas nos complementamos a la perfección. Ella no solo se ocupa de la parte administrativa, sino que también viaja por el mundo conmigo eligiendo telas. Entre los estilos de cada una, buscamos telas y accesorios especiales para cada tipo de novia. Juntas y en familia disfrutamos mucho de lo que hacemos.